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Iceberg

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Andreea Anghel CIGARO Sumergida en el mar de mis latidos soy resaca de un oleaje con venido ya sombreado / iluminado por un vaivén de bahía como un faro. Casi alerta recito la oración de la osadía con estribillo de seda y retintín de agudeza como reza. Medio cuerpo del lado de la inconciencia y otro en cero. Un concierto por empezar es la noche, como un beso del más leve roce cierto. Como floto soy el iceberg de un gran triunfo sumergida en el mar de mis latidos todavía. ©LEIBI NG

Rombos y estrellas

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Traspasan las miradas la materia trasladan cuerpo y alma hacia otro espacio invitan a la búsqueda del otro curiosidad concreta en línea recta. Privado, pero no; cerrado-abierto. Inseguro perfecto. Cielo al tiento. Lo lúdico, lo móvil, lo inestable, lo cierto, lo posible, lo palpable en varias dimensiones explicable de una simple pared, lo vulnerable. ©LEIBI NG

Cuando la aurora

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Ojos de poeta No quiero leer a ningún poeta porque su voz se queda en mí quebrando mi pensar que ya se agrieta como la tierra árida que fui que anhela la humedad de otras palabras, otras ideas, otras vidas... Si yo sé que en mí viven dos mil voces en la línea del tiempo y ellas claman vivir o revivir en este tiempo. Aprendizaje audaz ...y la memoria la sensación vivaz ...y la memoria el encuentro total ...y la memoria... en un caudal, que a veces espejismo desemboca en el mar de mi presente. Y todo lo que leo lo incorporo y todo lo que sé es la voz de otros convirtiéndome a mí en banda sonora del film inacabable de quien mira observadora y más... más ojos que poema y más palabra adentro y se sabe asociada a la raza que convierte las ideas en versos intangibles que sin embargo puedo aparecer el sol cuando la aurora. ©LEIBI NG

NO TODAVÍA

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Un gallo, Portugal, tu voz signada a difundir amor donde haga falta. Un piano pequeñito y su banqueta para aunar la pasión, música abierta. Una sonrisa bajo dos luceros, educada y vivaz, franca y soleada me hablas de amistad grande, abonada por la unión de ideales, de la Patria. Desde niña cantando y avispada, Inteligente y cierta en tus ideas no una frívola artista, una entusiasta por las causas sociales apasionada. Esta es la Sonia, dama de poesía; luchadora de entrega y solidaria. No te puedes marchar, no todavía. Debes una canción dominicana que diga al Mundo que eres adorada. ©Leibi NG

Con voz

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Andreea Anghel (de Rumanía. 21 años). Mujer con jaula en la cabeza Decir lo que se siente, en tal sentido, podrá llenar de agujas tu costado mas no por ello saldarás la deuda de la sangre que fluye de otro lado. Una mujer mediana al mediodía menguada, a media luz viaja al menguante devota emancipada fiel a su decisión, a su verdad afiliada, no tiene que callarse. ©LEIBI NG CON SU VOZ Nunca el silencio amortizará la deuda de la sangre vertida por una mujer devota, emancipada Ni podrán los caminos mancillados borrar su sedición, su verdad, de alfileres de luz en un costado. Con su voz dirá lo que se siente Y afiliará su vida a su poema. ©Luis Carvajal.

La mentira

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               A César por la lejía Voy a morir de nuevo con tu nombre entre dientes. Aderezado siempre con pimentón picante. Tentáculos de sílabas que parto en pedazos. Trozo a trozo ocupando mi nudo en la garganta. Niego la pesadilla aunque el grito se ahoga. Sueño lúcido niego; no soy yo quien invoca. Es sólo que el reloj de mi tiempo en tu tiempo se detuvo en los huesos de un pasado esqueleto. Lo triste es que si vienes e ingenuo me preguntas: “¿Me llamaste, tal vez?” Te mentiré sonriendo: “¿Quién?, ¿Yo? ¡Jamás! Tú siempre alucinando”. Y morderé tu nombre desgarrado de letras que taimadas se agrupan de otra forma en mi lengua, esta cárcel de dientes que resucita siempre tu nombre, ese que muerdo en silencio en mi boca. ©LEIBI NG

NEGACIÓN

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Generosa María Báez (1932-2014) ¿Y cómo ha de morir quien tanta vida ha dado? Es imposible obviar su luz en la penumbra, la risa y el consuelo de sus brazos cuando la hija se reducía en sí misma enjugando mis lágrimas. Si el tema es recordar, la madre está presente, no sólo en la genética, (porque mi cuerpo es de ella), también en cada gesto, que nadie me los presta y juro no he copiado. A mí que no me digan que está en un cementerio. Esa no era mi madre. Mi madre no se muere ni en enero ni nunca, porque para que viva basta ser quien me hizo -como una diosa amable-, a su imagen tal vez, a su usanza mejor, a su hechura y su voz moldeada por su arte. Mi madre vive en mí y en todos mis hermanos y éso que se enterró, no sé... ¡Fue solo un cuerpo usado! ®LEIBI NG

CUESTIONES

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¿Qué se necesita para hacer una canción con ilusión? ¿Qué necesito para convertir en chichigüas los sueños, las olas en cosquillas y las flores en besos? ¿Cómo encierro risa en un baúl? ¿Cómo aquieto tus clinejas? ¿Cuánto tiempo me esperarás en lo que termino de contar estrellas? ¿Cuál de ellas brillará más cuando te duermas? ¿Dónde está el albañil de mi escalera? ¿Qué se necesita para ver salir poemas de entre las cejas? ¿...gritar versos a los cuatro vientos? ¿...pintar colores junto con las flores? ¿...bajar la lluvia de una nube albina? ¿Ponerle un zipper a esta boca mía? ©LEIBI NG

Sin vivir

M e muero de dolor me anega el llanto Me expulsan del infierno pero al Cielo aún no llego. Este vivir muriendo me deja sin talante de un Reino que de hoy está distante. Encadenada al ser huesos y carne, la cabeza muy bien, el cuerpo aparte. Vivir y respirar con asistencia, andar o caminar con dos muletas, escribir con la prótesis del miedo compromiso sin voz de una obsoleta. Pasa un día tras otro y yo cambiante en la vegetal suerte que me trae un verdadero océano delante brilla como cristal o hasta diamante y yo en el sin vivir sigo campante. ©Leibi NG

Nocturno

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Jardín Nocturno. Paul Delvaux De nuevo frente a ti escudriño en tus ojos el por qué del insomnio, de la vigilia agreste, de la rosa que escapa. Cuestiono madrugadas de consciente                       con sueños de sonámbula. En medio de un invierno resentido                      con viento del nordeste estrujo aún las hojas del romero muerto sin rastros de su aroma. Empujo con el pie las horadadas hojas como esqueletos frágiles… Esparzo las cenizas en los oscuros charcos que apenas me reflejan una luz mortecina. Caparazón de caracol mimoso quebrantado e inmóvil, cercado por lo débil. Del claroscuro entorno emana la voz de lo dormido mientras sigo mirándote a los ojos y tú pareces muerto con los ojos abiertos. ©Leibi NG